Los problemas de la vida

Lo más probable es que no tengas ninguna enfermedad "mental"

Son las tres de la mañana y estás despierto, pensando otra vez. Te fumaste un cigarro en la oscuridad, después otro, y en el cenicero ya van como ocho. Al lado duerme alguien, o no duerme nadie, da lo mismo, a esta hora pesa igual. Más encima, mañana hay que levantarse a las seis y todavía no pegas un ojo. Y como todas las noches, vuelve la misma frase dando vueltas. No sé qué voy a hacer… No sé cómo voy a seguir…

Entonces decidiste ir al médico, sin saber bien por qué, como si el malestar fuera algo biológico, una enfermedad. Le contaste algo de lo que te pasa, lo que cabe en los minutos de la consulta. Y casi sin levantar la vista, llenando la ficha y sin mirarte, fue anotando "cuadro depresivo". "Ansioso", también. Como parece que te vas a separar y te vio "sensible", agregó "labilidad emocional". Y como se te ocurrió preguntar demasiado por lo que te recetaba, dejó escrito además "paciente de difícil manejo", y un "Trastorno Límite de la Personalidad", por si acaso. Un montón de nombres para tus noches sin dormir. Saliste con una receta y, más encima, con la idea de que ahora, además de todo, había algo malo dentro de ti.

Llevas meses con la pastilla. Y a las tres de la mañana sigues despierto, sigues fumando, y siguen las mismas preguntas sin contestar. Porque la pastilla nunca tocó lo que de verdad te tiene así.

Voy a decirte algo que en esa consulta cortita no te dijeron… Lo más probable es que no tengas ninguna enfermedad "mental". Lo que tienes es un problema de la vida. Y entender esa diferencia es lo único que de verdad puede cambiar algo.

Lo que te pasa es real. La enfermedad, no.

Ojo con lo que NO estoy diciendo. No digo que exageras, ni que es "puro cuento", ni que te falta "fuerza de voluntad". Cuando alguien llega a mi consulta hecho mierda por una separación, o por años aguantando un trabajo que lo tiene chato, lo que le pasa es tan real como un hueso quebrado. Lo que digo es otra cosa, que eso no es una patología, sino lo que le pasa a una persona sana cuando la vida le pega fuerte. Dejar de dormir, dejar de comer, llorar sin saber bien por qué, no son los síntomas de una máquina que se echó a perder, son lo que haces cuando algo importante se rompió y todavía no sabes cómo pararte de nuevo.

Qué son los problemas de la vida

Son las cosas que enfrentas por estar vivo, y nos pasan a todos. Leyendo esto te vas a reconocer en más de uno.

Una separación que llevas arrastrando por años y que aún no concretas. Vivir al lado de alguien con quien hace tiempo ya no tienes nada que decirte. Un trabajo que no aguantas y que no puedes dejar porque hay que pagar el arriendo antes del día cinco. La muerte de alguien que querías, y que al poco tiempo ya te exijan que estés "como antes", que "tires para arriba", porque "de todo se aprende". Y, sobre todo, esa soledad que no es estar sin gente, sino estar al lado de gente que no te ve.

En ninguna de esas escenas hay un cerebro fallado ni un desequilibrio químico. Hay vida que, en este momento, duele más que la cresta. Y eso, aunque hoy no lo parezca, es la mejor noticia. Porque a las enfermedades te las tratan en un centro de salud, donde te recuestas y esperas que otro te sane. Los problemas de la vida son al revés, no se tratan, se enfrentan. Y ahí, en el centro, estás tú.

¿Y entonces por qué te dijeron que estabas enfermo?

Acá viene la parte incómoda, la de cómo a tanta gente la convencieron de que tenía el cerebro fallado cuando lo que tenía era una vida que se estaba poniendo difícil.

Existe un manual de diagnóstico, el DSM, que edita la Asociación Psiquiátrica Americana, y es el catálogo de "trastornos mentales" que se usa en medio mundo, Chile incluido. En 1952 tenía poco más de cien; para el 2013 ya pasaba de trescientos. Y la pregunta cae sola. ¿Se enfermó la humanidad de golpe, o alguien fue decidiendo, edición tras edición, que cada vez más pedazos de la vida común merecían una etiqueta y una receta?

Fíjate cómo se hace. En 2022 agregaron el "duelo prolongado", que dice que si al año de enterrar a tu madre todavía la lloras, ya tienes un trastorno que tratar. Y no lo digo yo, lo dijo el propio psiquiatra que dirigió la edición anterior del manual, que advirtió que esto medicaliza una pena de lo más normal y termina llenando de antidepresivos a gente que sólo está triste. Tu duelo, con la boleta lista.

Con la regla pasó algo todavía más descarado. El "trastorno disfórico premenstrual" se volvió diagnóstico oficial en 2013, pero años antes un laboratorio ya le había visto la veta, agarró un antidepresivo al que se le vencía la patente, lo pintó de rosado, le cambió el nombre y lo empezó a vender para eso. La misma pastilla de siempre, ahora para una enfermedad nueva. Es siempre el mismo movimiento, agarrar un trozo cualquiera de la vida, la pena, el cuerpo, la rabia, y rebautizarlo como patología. Eso no es ciencia descubriendo enfermedades. Es un mercado fabricando clientes.

Y por si crees que exagero, mira cómo se decide qué entra al manual. Hasta 1973 decía que la homosexualidad era una enfermedad "mental", y dejó de serlo no por un hallazgo de laboratorio, sino por una votación. Nadie votó nunca si la diabetes o el cáncer existen, porque esas cosas se miden. Fabricar diagnósticos, en cambio, le conviene a mucha gente. El 69% de quienes escribieron la última gran versión del manual tenía vínculos de plata con la industria farmacéutica, y en los comités que definieron los trastornos depresivos y psicóticos de la versión anterior, la cifra llegaba al 100%. Eso es lo que hay detrás del diagnóstico que te colgaron, no una verdad médica, sino un negocio montado sobre el dolor de gente como tú.

Te cuento todo esto no para que odies a tu médico, que lo más probable es que haga lo que le enseñaron y ande tan apurado como tú. Te lo cuento para que sueltes una idea que te metieron sin una sola prueba, la de que el problema lo llevas por dentro. Porque si esa idea es falsa, y lo es, lo que viene es mucho más útil que cualquier diagnóstico.

Entonces, ¿qué es lo que sí tienes?

Que no sea una enfermedad no significa que no te pase nada. Te pasan dos cosas, y conviene no confundirlas.

Una es el problema de la vida, la adversidad misma, la separación, la muerte, el trabajo de mierda. Eso duele, pero no es una falla tuya, es la parte difícil de estar vivo, son las condiciones de un entorno que no está a tu favor.

La otra tiene un nombre más preciso, y es la que de verdad termina por hundirte, un problema psicológico. No es la herida, es lo que haces para aguantarla cuando tus propias "soluciones" se vuelven en tu contra. Es el torniquete que te apretaste tan fuerte, para no sangrar, que ahora no te llega la sangre y te tienen que amputar.

Casi siempre pasa así. A alguien lo deja su pareja, y para no sentir deja de salir, porque quedarse en casa funciona, esa noche nadie le pregunta cómo está. Deja de contestarles a los amigos, y también funciona, así nadie lo obliga a fingir que está bien. Se toma un copete, se fuma unos cigarros, o derechamente unas pastillas para dormir, y funciona igual, porque por un par de horas la frase de las tres de la mañana se calla. Cada cosa le baja el dolor justo a tiempo, y por eso la repite, porque funciona. Lo que no ve es que el mismo gesto que lo alivia hoy es el que mañana lo deja más solo, más encerrado, con menos vida a la cual volver. Y al final, lo que lo tiene mal ya no es la separación, sino todo lo que armó para no sentirla.

Eso es un problema psicológico, una solución que se volvió trampa, un bucle, un círculo vicioso del que no sales porque lo que haces para escapar es justo lo que lo mantiene. No estás enfermo, estás enredado en una situación, y tus propios intentos de aguantarla la fueron cerrando. Por eso la diferencia importa tanto. A una enfermedad la miras desde afuera, mientras te curan o no, pero una trampa se desarma desde adentro, viendo los hilos que no veías, eso que haces hoy para aguantar y que mañana te hunde más, y cambiando, de a poco, un paso a la vez. Para eso sirve sentarse con un psicólogo que trabaje en serio, no para que te arregle una falla que no tienes, sino para mostrarte el bucle y entrenarte para salir.

Y no es algo menor, porque mientras creas que la culpa la tiene tu cerebro, o que la explicación está en algún "conflicto interno", tu pareja, tu jefe y el sistema entero quedan absueltos. El día que entiendes que lo que te pasa no sale de adentro de tu cabeza, sino de cosas concretas que viviste y aprendiste, ese día dejas de ser paciente y vuelves a mandar en tu propia vida.

Porque lo que llamamos enfermedad "mental" es, casi siempre, un problema de la vida mal nombrado. No tienes una falla de fábrica. Tienes una vida, y a veces aprieta hasta dejarte sin aire. Salir de una trampa de años cuesta, pero se puede, incluso si ya fracasaste en otras terapias, incluso si llevas años con la pastilla, incluso si sientes que no te queda ni un poquito de energía para intentarlo otra vez.

Y quizá la próxima vez que sean las tres de la mañana y vuelva la frase de siempre, puedas contestarte otra cosa. Que no hay nada malo dentro de ti. Que no es tu cabeza la que falla, es una vida la que duele. Y que una vida, a diferencia de una enfermedad, sí se puede cambiar.

Si te cansaste de que te expliquen tu dolor como una falla tuya, escríbeme por WhatsApp. Conversamos sin apuro.

Para leer más

Szasz, T. (1961). El mito de la enfermedad mental.

El que lo planteó primero, que la mente no es un órgano y que lo que la psiquiatría llama enfermedad son, en realidad, problemas de la vida.

González Pardo, H. y Pérez Álvarez, M. (2007). La invención de trastornos mentales.

Para entender cómo se fabrican diagnósticos a la medida de los "remedios".

Cosgrove, L. y Krimsky, S. (2012). "A Comparison of DSM-IV and DSM-5 Panel Members' Financial Associations with Industry: A Pernicious Problem Persists". PLoS Medicine, 9(3): e1001190.

El estudio del 69% con conflicto de interés. (El 100% de los comités de depresión y psicosis viene de un estudio anterior de los mismos autores, Cosgrove et al., 2006.)

Cacciatore, J. y Frances, A. (2022). "DSM-5-TR turns normal grief into a mental disorder". The Lancet Psychiatry, 9(7).

La crítica a convertir el duelo en enfermedad, firmada, entre otros, por el psiquiatra que dirigió el DSM-IV.

Moncrieff, J. y cols. (2022). "The serotonin theory of depression: a systematic umbrella review of the evidence". Molecular Psychiatry.

La gran revisión que no encontró evidencia del famoso "desequilibrio químico" para explicar la depresión.

Martell, C., Addis, M. y Jacobson, N. (2001). Depression in Context: Strategies for Guided Action. Nueva York, Norton.

La activación conductual, que trata la depresión no como algo dentro de ti, sino como la consecuencia de cómo te las arreglas con un contexto que cambió.

Hayes, S. y cols. (1996). "Experiential avoidance and behavioral disorders". Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64(6), 1152–1168.

La idea, en su versión más citada, de que buena parte del sufrimiento se sostiene en lo que hacemos para evitar el malestar, la solución que se vuelve trampa.

Fisher, M. (2009). Realismo capitalista.

Para ver por qué al sistema le conviene que el malestar parezca una falla tuya y no suya.

Los problemas de la vida

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