Psicología para los problemas de la vida.
Si llegaste hasta acá, probablemente estás cansado de intentarlo todo y seguir igual. De que te expliquen la vida entera con una palabra y te manden a la casa con una receta. De terminar sintiendo que el problema eres tú.
Acá no te voy a pedir que dejes nada, ni que renuncies a lo que te ha servido para aguantar hasta hoy. Tampoco vas a recibir un diagnóstico ni un sermón. Vamos a mirar tu vida en concreto. Qué te pasa, cuándo, con quién, y qué has intentado hasta ahora. Desde ahí vemos qué sí se puede cambiar. Incluso si ya casi no te queda energía para intentarlo.
Casi siempre llegan con el mismo relato. Que pelean por tonteras, que la conversación termina siempre igual, y que ya ninguno de los dos sabe cómo salir de ahí.
Lo que hay debajo casi nunca es el tema de la pelea. Es algo de más atrás, que vuelve en distintas versiones. Uno busca más cercanía y el otro más espacio. Uno necesita planificar y el otro vivir el momento. Uno siente que lleva la carga y el otro que lo descalifican. Y de fondo, el reproche de siempre, quién quiere menos a quién.
El problema no son esas diferencias, que todas las parejas tienen. Es lo que cada uno hace para intentar cambiar al otro. Presionar, poner mala cara, callar, acusar. Funciona un rato, y por eso se repite. Pero termina empujando al otro justo hacia lo contrario de lo que uno quería, y ahí los dos quedan entrampados sintiendo que hagan lo que hagan, no cambia nada.
Trabajo con Terapia Integral de Pareja, el modelo conductual con mejor respaldo que existe hoy. No se trata de repartir la razón ni de aprenderse reglas de cómo debe ser un buen matrimonio. Se trabaja en dos frentes a la vez, cambiar lo que sí se puede cambiar y aceptar lo que no, que es donde casi todas las parejas se atascan. No hace falta que vengan de acuerdo ni que los dos estén convencidos.
Atiendo también a parejas del mismo sexo, sin encajarlas en un molde heterosexual que no les corresponde.
Y algo que vale para todas. Si el camino más sano resulta ser separarse, el trabajo es que sea con dignidad y sin daño innecesario.
Consultar por terapia de pareja →No te lo pregunto para reprocharte nada. Te lo pregunto porque la respuesta importa. Probablemente ya intentaste muchas cosas. Una terapia, un medicamento, un libro de autoayuda, un retiro de mindfulness, una app de meditación, un coach de vida, un taller para sanar a tu niño interior. Y si estás acá, es porque nada de eso resolvió lo de fondo: o no funcionó, o "sentiste" que funcionaba mientras lo usabas y el problema volvió con otro nombre.
No fue culpa tuya. El sistema está diseñado para mantenerte como paciente, no para darte el alta. Te pusieron una etiqueta, "depresión", "ansiedad", "trastorno de personalidad", "TDAH" del adulto, como si nombrar una cosa fuera lo mismo que explicarla. Te recetaron fármacos que tapan el malestar sin tocar lo que lo causa. O te mandaron a hablar años de tu infancia mientras tu vida seguía igual.
Y mientras tanto, la culpa la cargaste tú. Terminaste pensando que el problema estaba en ti, en tu actitud, en tu falta de voluntad. Que los demás pueden y tú no. Que algo en ti está mal.
No hay nada malo en ti. Estás respondiendo de forma lógica a un entorno que te sobrepasa. Y eso se puede cambiar, aunque nadie te haya enseñado cómo.
Tu malestar no es un defecto. Es la respuesta esperable de alguien que lleva demasiado tiempo peleando, casi siempre en soledad, contra un entorno que lo supera. Entender eso no te quita el peso de encima, pero te muestra por dónde se sale.
Hay algo que a mucha gente no le explicaron. La idea de que esto se debe a un desequilibrio químico no tiene hoy respaldo científico sólido, y la revisión más grande que existe no lo encontró. El fármaco actúa sobre el sistema nervioso y para algunas personas hace más llevadero el día a día, y eso no es poco. Lo que no hace es cambiar las condiciones de tu vida que te tienen así. Por eso mucha gente lo toma por años y siente que sigue en el mismo lugar. Nada de esto es un consejo para que dejes algo por tu cuenta, esa decisión es con quien te lo recetó y se toma de a poco.
Decretar, agradecer, soltar, vibrar alto, liberarte del apego ansioso. Si quedaste agotado después de años probando esto, tienes toda la razón, y no es porque te falte voluntad. El problema no es cómo reaccionas. Es el entorno que produce esas reacciones, y que nadie estuvo mirando.
Entender el origen de algo no es lo mismo que poder cambiarlo. Tu historia importa para comprender cómo aprendiste a defenderte. Pero lo que te tiene estancado hoy no está en el pasado, está en las condiciones de tu vida actual. Y es ahí, donde sí puedes hacer algo, donde vamos a trabajar.
Lo primero no es que yo te explique nada. Es que revisemos juntos qué has intentado hasta ahora y cómo te ha resultado. No para dejarte mal, sino porque nadie se ha sentado nunca contigo a hacer esa cuenta con calma. Y cuando la haces, aparece sola una cosa. Casi todo lo que has probado apunta a sentirte mejor por un rato, y casi nada apunta a cambiar lo que te tiene así. Esa conclusión no te la voy a dar yo. La vas a sacar tú, y por eso funciona.
Lo que parece una conversación es, por dentro, un proceso ordenado. Cada sesión tiene una estructura, cada semana termina con algo concreto que hacer, y la siguiente empieza mirando qué pasó, sin reproches. Es exigente y prefiero decírtelo antes. Pero no vas a estar solo en eso.
Vas a tener espacio para contar lo que te pasa, con calma y sin que nadie te apure. Y a partir de ahí trabajamos. Lo que hacemos juntos es esto, mirar tu propia conducta con honestidad, llevar registros, acercarte de a poco a lo que hoy evitas, tomar decisiones difíciles sobre tu vida. Yo te acompaño en eso, no te juzgo.
Es un trabajo de a dos. Yo pongo el método y la mirada entrenada, tú pones lo que sabes de tu propia vida, que es mucho más de lo que crees. Vas a saber siempre qué estamos haciendo y para qué, porque acá nada es un misterio que sólo maneja el terapeuta.
A cambio, vas a ver con claridad algo que probablemente nadie te mostró antes: qué es lo que mantiene tu problema hoy, y qué puedes hacer para salir de ahí.
Miramos lo que te pasa en secuencias concretas. Qué lo activa, qué haces en ese momento, para qué lo haces, y qué consecuencias hacen que se repita. Sin etiquetas y sin explicaciones inventadas. Cuando algo deja de ser un misterio, empieza a perder poder sobre ti.
Evitar, callar, postergar, escapar. Alivian un rato, y por eso los aprendimos, tienen todo el sentido del mundo. El problema es que a la larga son justamente lo que mantiene la cosa viva. Vas a entender el porqué y el para qué de cada una, sin que nadie te culpe por haberlas usado.
No hay que esperar a sentirse listo, porque esa espera casi nunca termina. Vas a ir recuperando de a poco lo que la vida te fue quitando, volviendo a hacer aquello que te importaba, incluso con la tristeza o el cansancio encima. Y a tu ritmo. Las herramientas que construyas no se van cuando termina la terapia, te quedan.
Puedes venir el tiempo que necesites, y muchas personas se quedan un buen rato. Lo que busco es que no dependas de mí. Que a medida que avanzamos entiendas cómo funciona tu propio comportamiento, para que lo que aprendas te quede a ti y lo puedas usar después, cuando ya no estemos trabajando juntos.
Esta es la parte que casi nadie explica, y es la que hace que esto funcione distinto.
Eso no es un problema. Es la mejor noticia del proceso. Significa que no tenemos que trabajar sólo con el relato de lo que pasó la semana pasada, contado de memoria y ya ordenado. Podemos trabajar con lo que está ocurriendo en la sala, en el momento exacto en que ocurre.
Y lo que se aprende ahí, ensayándolo con alguien de verdad y en vivo, se traslada a tu vida mucho mejor que cualquier consejo que te pueda dar.
"Pasé más de una década dentro del sistema, público y privado. Hospitales, Cesfam, Cosam, centros médicos, clínicas, y también instituciones que no eran de salud. Ahí vi de cerca lo que no quería hacer. Atender contra el reloj, repartir etiquetas, y despedir a la gente sin que se llevara nada que pudiera usar al día siguiente. Esta consulta existe por eso."
Formación
La sesión de 45 o 50 minutos es una convención heredada, no un criterio clínico. Vengo de trabajar en un sistema donde te dan veinte minutos por persona, y ahí sencillamente no alcanza a pasar nada. Por eso mis sesiones son de 90 minutos. Es el tiempo que se necesita para entender bien qué te tiene así, sin el reloj encima y sin la sensación de que te están apurando justo cuando ibas a decir lo importante. (Pincha cada servicio para ver el detalle.)
Trabajo con análisis funcional de la conducta. En la práctica eso significa que en vez de preguntarnos qué tienes, miramos qué pasa. Qué situaciones lo activan, qué haces tú en ese momento, para qué lo haces, y qué consecuencias hacen que se repita. Sumo herramientas de las terapias contextuales, sobre todo de la Psicoterapia Analítica Funcional, que usa lo que ocurre entre nosotros dos dentro de la sesión como material de trabajo, porque lo que te pasa afuera casi siempre aparece también acá adentro, y ahí se puede mirar en caliente.
Como psicólogo no receto medicamentos, y tampoco te voy a pedir que dejes lo que estás tomando. Ese tema lo ves con quien te lo recetó. Es un trabajo directo y orientado a que te lleves herramientas que después puedas usar sin mí.
Casi siempre llegan con el mismo relato. Que pelean por tonteras, que la conversación termina siempre igual, y que ya ninguno de los dos sabe cómo salir de ahí.
Lo que suele haber debajo es un ciclo. Uno insiste porque necesita saber que al otro le importa, el otro se cierra porque necesita calma, y cada uno termina haciendo justo lo que empeora al de al lado. Nadie lo está haciendo mal a propósito, y por eso hablar más fuerte nunca lo arregla.
Trabajo con Terapia Integral de Pareja, uno de los modelos con mejor respaldo que existe hoy. Se trabaja en dos frentes a la vez, cambiar lo que sí se puede cambiar y aceptar lo que no, que es donde casi todas las parejas se atascan. No hace falta que vengan de acuerdo ni que los dos estén convencidos. Y si el camino más sano resulta ser separarse, que sea con dignidad y sin daño innecesario.
Pago anticipado por transferencia al momento de agendar. Se emite boleta de honorarios válida para reembolso en isapres y seguros complementarios de salud. Sin mínimo de sesiones ni contratos de ningún tipo.
No voy a reproducir esas opiniones acá, y quiero explicarte por qué.
Quienes las escribieron pasaron por cosas difíciles, y aun así se tomaron el tiempo de escribir algo.
Si quieres leerlas, están en mi perfil de Google.
Lo que sí te puedo contar es qué se repite en ellas.
No hay formularios ni listas de espera. Escríbeme por WhatsApp, aunque sea en dos líneas y sin tenerlo claro. Te respondo yo, personalmente, en menos de 24 horas hábiles.
La primera sesión ya es trabajo clínico. Sin entrevistas de admisión ni trámites previos.
Si estás pasando por un momento difícil y no sabes a dónde ir, escríbeme igual y te oriento, aunque no seas paciente mío.
Presencial · Agustinas 853, Of. 623, Santiago Centro · Online para Chile y el extranjero